jueves, 27 de septiembre de 2012

EL JUEGO, FORMA DE COMBATIR EL MIEDO A LA OSCURIDAD



Santiago tiene 4 años. Sufre de pesadillas y le tiene mucho miedo a la oscuridad. No puede permanecer con la luz apagada ni cinco minutos, y la enciende cada vez que su papá o mamá salen de la habitación. Los papás creen que el comportamiento del pequeño es fruto de la indisciplina, hasta que llega un día en que entienden que la penumbra le causa temor.

Un día al papá de Santiago se le ocurre comprar una pelota de caucho transparente, con luces de colores en su interior, y jugar con él a encontrarla y rebotarla contra las paredes, en medio de su habitación oscura. Ese día, Santiago logra permanecer mucho más tiempo solo en su cuarto jugando con la “pelota mágica”, y ese fue el comienzo para superar su temor.

Muchos expertos coinciden en considerar al juego como un elemento motivador para que la fobia a la penumbra desaparezca. Un estudio realizado por Xavier Méndez y Mireia Orgilés, investigadores de la Universidad de Murcia (España) y José P. Espada, de la Universidad Miguel Hernández, de Alicante (España), indica que “al desarrollarse la terapia en un ambiente lúdico, se minimiza la naturaleza aversiva de la oscuridad para el niño, puesto que las emociones positivas suscitadas por el juego, compiten con su temor cuando se enfrenta a la oscuridad”. 

Para el especialista en Psicología Clínica Xavier Méndez, el juego es una estrategia muy indicada para los niños, pero hay que aclarar que la clave para superar los miedos es afrontándolos, y la lúdica es el elemento motivacional. Usando palabras del especialista “la solución es como un jarabe amargo y el juego lo que hace es dulcificar la medicina. Al final, estar en la oscuridad es lo que quita el miedo”

El temor a la oscuridad es algo normal, que aparece alrededor de los tres años y está asociado al desarrollo cognitivo del niño, cuando es capaz de pensar e imaginar cosas. Es decir, cuando “ve moverse las cortinas, cree que hay seres fantásticos detrás preparados para hacerle algo”, explican los expertos.

Otra causa radica en asociaciones que se establecen. Por ejemplo, las pesadillas, que son comunes a esta edad. De esta manera, el menor asocia la oscuridad a estos sueños indeseados, o a las historias y películas de miedo. Las experiencias negativas también hacen que la oscuridad se asocie a lo malo, y la luz del día a  lo bueno. Incluso muchos padres pueden transmitir ese miedo.

La típica escena de los padres cuando el niño llora a medianoche y pide que le enciendan la luz, es acercarse y prenderla, abrazarlo y, en ocasiones, llevarlo a la cama para que duerma con los papás. Esta secuencia es negativa e inadecuada, ya que se está reforzando la conducta de inseguridad. Cuando el niño busca luz, la compañía, la puerta abierta, se siente tranquilo solo por un momento, pero va a mantener su miedo. Lo más aconsejable es acompañar al pequeño después del suceso y explicarle que debe dormir en su habitación solo. La guía de los padres es indispensable.

A modo de comparación, si uno va en un avión y atraviesa una zona de turbulencias ¿qué da más tranquilidad? ¿que los auxiliares de vuelo sigan con sus labores o que dejen de hacerlo todo para calmarlo e informarlo? Sin duda, la primera, lo mejor es actuar con normalidad y naturalidad, para de esta forma transmitir esa calma al niño.

Para minimizar el temor, es aconsejable usar una luz tenue, contarle un cuento o darle linternas que él pueda manejar. Debe ser un proceso progresivo, es decir, deben ir retirándole las ayudas. Por ejemplo, primero dejar la puerta entreabierta e irla cerrando paulatinamente. Y es importante, durante todo este proceso, incluir juegos para que el niño se vaya acostumbrando al espacio y a las condiciones de luz. Por ejemplo:
  • La gallina ciega: el adulto le venda los ojos, mientras el niño lo busca; luego intercambian los papeles.
  • Sombras chinas; apagar la luz y hacer sombras con las manos o los objetos a través del reflejo de una linterna.
  • Adivinar animales: el adulto sale de la habitación y el niño debe adivinar qué sonido de animal está imitando el adulto.
  • Buscar un tesoro en la oscuridad: esconder un objeto para que el adulto o el niño lo encuentren en la oscuridad.
Todos estos juegos persiguen la finalidad de que el pequeño permanezca solo en la habitación oscura el mayor tiempo posible.

Es muy importante que los papás hablen con todas las personas implicadas en el cuidado del niño para que no se utilice el miedo o los personajes negativos como una manera de que el niño obedezca. Si ésto se hace, estaremos fomentando que cuando el pequeño quede solo en su habitación, todos esos personajes o mitos le van a venir a su mente y lógicamente, va a aumentar el temor a quedar sólo y en penumbra en su habitación. Es necesario usar otras estrategias para que el niño obedezca cuando se le está solicitando que realice algo, como almorzar, descansar, recoger sus juguetes,... Si le decimos al niño que si no se duerme, va a venir “el coco” y se lo va a llevar, les aseguramos que cuando el niño se encuentre solo en su habitación para dormir, “el coco” va a estar presente en el pensamiento del niño y le va a causar temores y miedos infundados.

También es importante que, como mínimo una hora antes de que el niño se acueste, en caso de permitirle ver televisión, no dejarle ver programas que contengan cualquier tipo de agresividad, programas para adultos como novelas o “realities”, ni programas en los que aparezcan personajes negativos, pues esto altera el estado de nerviosismo del niño, provocándole alteraciones que le van a afectar en su tranquilidad antes de dormir. Desde el Jardín recomendamos acompañar ese tiempo previo al descanso con lecturas de cuentos de los papás, juegos relajados y conversaciones tranquilas en el contexto familiar.

Por último, el miedo a la oscuridad debe desaparecer con la ayuda del juego. Si no es así, hay que evaluar la consistencia de los padres y las repercusiones negativas de este temor. Muchas veces la estrategia del juego no funciona porque los papás son inconsistentes, es decir, hay un adulto que se pone muy estricto y, de un momento a otro, no se queda en la cama del niño pero, al otro día, cede. Esta inconsistencia en la norma hace que el niño genere más miedo porque no tiene claro cómo manejarlo.

JARDÍN INFANTIL PÁRVULOS
Lina María Ramírez Velásquez
Psicóloga
Licenciada en Educación Preescolar

lunes, 4 de junio de 2012

LOS PAPÁS HELICÓPTERO




¿Excusa a su hijo/a cada vez que no hace una tarea o las hace por él?¿Discute con los profesores cada vez que el colegio toma una decisión sobre el pequeño/a? ¿No permite que el pequeño se encargue de sus objetos personales? 
Hay que poner cuidado, porque este tipo de comportamientos son propios de los denominados “Papás Helicópteros”. Como es claro, todos los papás tienen derecho a estar pendientes de sus hijos, ayudarlos en su desarrollo y acompañarlos en varios procesos. Pero una cosa muy diferente es ser un adulto que “sobrevuela” y monitorea a su hijo/a todo el tiempo, es sobreprotector, obsesivo e interventor excesivo en las diferentes áreas de la vida del niño, especialmente en sus estudios. Es decir, son adultos que no dejan que el pequeño se desenvuelva en diversas actividades, cuando ya está en capacidad de hacerlo. 
Este es un fenómeno que se presenta desde hace algunos años, pero algunos especialistas afirman que cada vez es más preocupante. Incluso se ha llegado a determinar que algunos padres que tienen este comportamiento en la edad preescolar de sus hijos, suelen tenerlo hasta la etapa universitaria o laboral de éstos. 
Existen diversos estudios sobre este tema, concretamente el Montessori British School, encontró que el 15% de los padres tienen esa condición, y que el 5% son casos aún más graves. Estos resultados son el fruto de una investigación desarrollada durante el año 2011, con profesores y directores de preescolar y primaria, y el estudio se realizó para evaluar el incremento de la tendencia de los padres de no responsabilizar a los estudiantes por lo que hacen. 
Este tipo de conducta suele ser más habitual entre padres primerizos, pues quieren cuidar a sus hijos, ser los mejores, es una autoexigencia con ellos mismos el cumplir un reto que no habían tenido antes. No dejan que los niños experimenten ningún tipo de frustración, ya que lo más importante para ellos es “ser los mejores papás y que el niño sea completamente feliz”, confundiendo la felicidad con el no dar ninguna responsabilidad a los niños, a pesar de que ya estén en edad de ello. 
Según varios Psicólogos, este fenómeno también sucede en aquellos papás que les ha costado mucho tener hijos o que tienen bebés prematuros. Según el Psicólogo Carlos Andrés Sierra Sierra, máster en educación por la Universidad Externado de Colombia, “la sobreprotección es un tipo de maltrato hacia el menor de edad, ya que no permite su desarrollo como persona integral y no lo deja crecer de una manera armónica”.
Hay que aclarar que los papás que tienen este comportamiento, lo hacen con un fin positivo, no lo hacen para causar daños, sino que generalmente piensan que actúan así por el bienestar de su hijo/a. 

¿Cómo identificar a los papás helicópteros?

En la mayoría de ocasiones basta con una conversación para identificar a este modelo de papás. Cuando uno habla con ellos, conoce sus estilos de vida y sus pautas de crianza, son detectados porque son adultos que no dejan solo al niño/a en ningún momento, ya estando en edad preescolar.
Suelen llegar al Jardín o al colegio sin aviso, pensando que van a detectar alguna anomalía o que el niño va a estar “descuidado”, debaten las decisiones de profesores y directivos, excusan al pequeño cuando éste no hace las tareas sin justa causa y, en muchas ocasiones, acceden a sus caprichos. Incluso toman decisiones por él, a pesar de que en la edad preescolar las decisiones que el niño puede tomar son muy básicas, a veces estos papás ni les preguntan.
Además suelen estar preocupados por lo que le falta al pequeño, por lo que no ha hecho o por lo que no tiene, en lugar de resaltar sus logros y progresos.
También suelen identificarse porque les incomoda cuando desde el Jardín se forma la parte de la autonomía en los pequeños. Por ejemplo, si le pedimos al niño que tiene que llevar el morral a tal parte o hacer alguna tarea, los papás sienten que está muy pequeño y que no le corresponde, interviniendo ellos y sin dejar que su hijo/a se apropie de la tarea escolar.
Hay que señalar que los comportamientos de los “papás helicóptero” corresponden a casos extremos, como lo explica el psicólogo Sierra: “Los padres tienen todo el derecho a informar qué situación no le gusta del Jardín o el colegio. Pero, en extremo, son exacerbados, critican todo y todo les parece malo sin evidencia. Exigen que el Jardín /Colegio haga todo lo que el niño/a quiere, así como sucede en su casa”.

Efectos en los niños/as

A pesar de que esta situación puede ser ocasional o momentánea, y puede desaparecer mientras los padres identifican las capacidades de sus hijos/as, hay adultos que no toman cartas en el asunto y llegan a perjudicar a sus hijos/as hasta en su etapa adulta.
Desde pequeños, los niños son inseguros, buscan autoafirmarse como sea, por tanto pueden ser rebeldes en la adolescencia, según el psicólogo Sierra “Significa no hacer caso por el “quiero ser yo”: se manifiestan agresiva y no acertadamente porque se están buscando a sí mismos”.
Si la actitud de los padres “helicóptero” continúa, puede conllevar los siguientes efectos en los pequeños:
Son niños que no toman decisiones acordes a su edad y que no son capaces de trabajar en grupo. 
Pueden ser niños retraídos o agresivos. Incluso, según el Psicólogo Sierra, pueden ser precursores del “matoneo”, ya que como los papás helicóptero generan maltrato, ellos también se pueden volver maltratadores y querer manejar la vida de los otros.
Tienen baja tolerancia a la frustración, no saben perder y presentan dificultades para asumir responsabilidades en el desarrollo de los autoesquemas, que son entendidos como la autoestima, la autoimagen y el autoconcepto. Esto es muy grave, pues una persona que no se quiere, no se desenvuelve.
En muchos momentos necesitarán de alguna persona que les diga qué deben hacer y qué está bien o no, motivo por el cual en sus relaciones futuras buscarán lo mismo. 

El papel de los padres

Para evitar caer en este tipo de sobreprotección, las familias deben ser muy conscientes de su papel como padres:

- Aceptar su condición de sobreprotección
- Permitirse conocer realmente cuáles son las capacidades de su hijo/a
- Antes de emitir un juicio o angustiarse por un resultado académico o personal en el Jardín, deben organizar citas con la profesora o, si es urgente, la Directora. El Jardín tiene los mecanismos adecuados para un buen diálogo y comunicación con los padres.
- Si eligen una Institución Educativa que va acorde con su forma de crianza, deben confiar en ese lugar. - Diferenciar entre acompañar al niño y hacer las cosas por él.
- Ver los esfuerzos de su hijo/a como un signo de independencia. 

Así pues, es muy importante que las familias permitan desarrollarse a los pequeños, para una buena formación y educación en su etapa adulta. Ya desde la etapa preescolar, los pequeños van asumiendo responsabilidades y acciones sobre las que están totalmente capacitados.

En muchas ocasiones, desde el Jardín observamos como muchas familias justifican una tarea mal realizada o no realizada por el pequeño con el pretexto “lo que queremos e que sea feliz, más allá que aprenda ahora tan pequeño”. Como resulta obvio, en nuestra Institución respetamos profundamente la forma de pensar de cada familia. Una vez dicho esto, cabe aclarar que desde el Jardín siempre argumentamos que hay que diferenciar entre “ser feliz” y “no tener responsabilidades”. Estos dos aspectos no tienen por qué ser opuestos, sino más bien al contrario, son complementarios. Piensen en la vida adulta, desde nuestra visión, pensamos que es más feliz la persona que sabe cuáles son sus responsabilidades, obligaciones y, por lo tanto, es capaz de asumirlas. En cambio dudamos de la “felicidad” de aquella persona que afirma ser feliz pero no es capaz de asumir responsabilidades o cumplir con las normas establecidas porque desde siempre ha estado acostumbrado a que hagan las cosas por él. 

JARDÍN INFANTIL PÁRVULOS
DIRECTIVA

viernes, 10 de febrero de 2012

A DORMIR SOLOS



En épocas anteriores ha sido normal que los niños por mucho tiempo, incluso años, durmiesen en la misma habitación que sus padres. Hoy en día hay varias teorías que afirman que dormir solitos es mejor para ellos y para sus padres.
En primer lugar hay que desterrar el sentimiento de culpa que muchos padres experimentan, pues creen que dejar a los bebés solos en sus cunitas es un atentado, un acto de desamor o de descuido, siendo este pensamiento totalmente erróneo. Por el contrario, dormir solos es el primer voto de independencia y de libertad que los papas regalan al niño/a, y con este acto están sentando las bases de una sana autonomía y de su seguridad emocional.
En nuestra opinión, el bebé debería dormir en su cunita desde que sale del hospital, ya por razones higiénicas, pues el sistema inmunológico aún no esta maduro y necesita dormir en un espacio muy limpio, con sus propias sábanas y cobijas.
A los tres meses de edad, el niño/a ya debería dejar el cuarto de los papás y dormir en su propia habitación, pues tener su propio espacio le ayuda a desarrollar una identidad propia, le da independencia, seguridad y confianza. Si, por el contrario, pasan los meses y el niño/a sigue durmiendo en la misma habitación que los papás, muy seguramente el niño/a crecerá con apegos malsanos, se rebelará y hará pataletas cuando se le obligue a dormir en su propio cuarto.
Según estudios especializados, un niño/a que duerme solo/a alcanza un sueño más tranquilo y prolongado, en cambio cuando el niño/a duerme con los papás, éstos se paran a menudo a revisarlo, la mamá lo despierta para darle de comer cada cierto tiempo, y ésto causa en el niño trastornos del sueño, además de poder influir en el sobrepeso del mismo. Además de estas consecuencias para el niño, también existen consecuencias para los papás, como son el no poder disfrutar de un sueño tranquilo para estar en sus jornadas más receptivos y relajados.
Es un motivo frecuente que nos consultan muchas familias, el hecho que los niños/as que han dormido con sus padres por mucho tiempo, incluso varios años, resientan la separación cuando se les indica que deben dormir solitos. Es posible que se sientan desplazados, inseguros o rechazados, pues a esta edad no alcanzan a comprender, a nivel emocional, que sus padres quieran sacarlos del cuarto donde la han pasado tan bien hasta el momento. Por otra parte, es frecuente que estos niños experimenten miedo a la soledad, a la oscuridad o a los ruidos de la noche cuando enfrentan el hecho de dormir en su propio cuarto. Suelen despertarse a mitad de la noche con llanto o pesadillas, su sueño es de menor calidad y presentan mayores niveles de estrés. En cambio aquellos niños/as que están acostumbrados a dormir solos desde temprana edad, aceptan este hecho como algo completamente natural en sus vidas, sin ningún traumatismo.
También queremos poner de manifiesto que el hecho de que el niño/a duerma en la misma habitación que los papás, conlleva una afectación de la vida íntima de los padres, que puede verse alterada tras el embarazo y nacimiento del bebé; si a esto le sumamos la larga permanencia del niño en la habitación marital, podemos encontrarnos que se produzca un enfriamiento innecesario de la relación matrimonial.
Por último, y a modo de tranquilizar a los papás, hoy en día hay muchos recursos que facilitan el hecho de que el niño pueda dormir solo en su habitación. Gracias a los intercomunicadores, los papás pueden estar atentos al llanto o al sonido del bebé durante la noche. Ya no hay excusa para creer que el bebé estará desatendido.
Teniendo en cuenta todo lo comentado en los párrafos anteriores, queremos destacar que tampoco hay que irse al extremo de enviar a los bebes a su cuarto a los tres meses sin mayor consideración por sus necesidades. Hay que recordar que ellos necesitan en todo momento sentirse seguros y estables, rodeados de afecto para poder desarrollarse emocional y afectivamente. Por esto, es importante tener en cuenta estas estrategias para hacer de la experiencia de dormir solitos, un juego y una oportunidad mayor de dar amor.
  1. Decorar la cuna del bebe con objetos lindos y llamativos. La finalidad es que el bebé aprenda a reconocer los objetos y colores de su cuna y su cuarto, y que sepa asociar la hora de dormir con experiencias positivas. Si por algún motivo el bebé se despierta en la noche, se sentirá seguro si encuentra un entorno siempre familiar, sus juguetes, sus móviles, los mullidos protectores de su cuna, un olor, unos sonidos,...
  2. Establecer un ritual previo a la hora de dormir: disminuir la intensidad de las luces, bajar el volumen de voz, darle un baño relajante y un masaje con una crema perfumada, ponerle una pijama limpia y fresca, leerle o cantarle suavemente,... En fin, el límite es la propia imaginación de los papás
Es importante que el niño/a sienta que la hora de dormir es un momento relajante y placentero, no una imposición o castigo. Con algo de paciencia, los papás y los hijos irán creando un leguaje común, construyendo rituales y costumbres positivas. Todo ello hará que, tanto los niños/as como los papás disfruten de un merecido descanso durante las noches, y fomentarán en los niños/as un sano desarrollo emocional.
JARDÍN INFANTIL PÁRVULOS
DIRECTIVA